¿Cómo afecta la nutrición al dolor crónico?

¿Cómo afecta la nutrición al dolor crónico?

Redacción Instituto Aliaga | Nutrición

El dolor crónico puede aparecer por causas muy diferentes y puede verse incrementado por muchos factores. De la misma forma que podemos sufrir cambios en nuestro día a día, también lo que hacemos puede afectar al dolor, haciendo que sea más o menos llevadero.

De todas las acciones rutinarias que hacemos a diario, hay una que es prácticamente imposible que nos saltemos en su totalidad: comer. Y es que la alimentación es necesaria para el correcto funcionamiento de nuestro organismo, pero también puede afectar al dolor de la misma forma que puede afectar a la gestión de otras patologías.

Pero, ¿cómo afecta la nutrición al dolor crónico? ¿Cómo puede mejorar o empeorar la sensación de dolor en función de lo que comamos? Lo veremos a continuación.

¿Qué relación hay entre la alimentación y el dolor crónico?

El dolor crónico tiene la mala habilidad de afectar a todos los aspectos de la vida de la persona que lo sufre, de ahí que se recomiende un abordaje multidisciplinar a la hora de enfocar su tratamiento. Esto, por supuesto, incluye a la alimentación, la cual tiene un peso muy importante en la salud de las personas.

Tenemos la suerte de vivir en un país en el que los hábitos alimenticios no son, ni mucho menos, de los peores del mundo. De hecho, un estudio que revisa de forma periódica el estado de salud de las personas a nivel global, afirma que somos el tercer país del mundo con menos muertes atribuibles a la dieta. No es coincidencia que los tres primeros países sean países mediterráneos (Israel, Francia y España), porque ya sabemos lo rica y variada que es la dieta mediterránea respecto a la de otros países, y lo beneficiosa que es para nuestra salud.

Pero volvamos al dolor y a su relación con la nutrición. Es importante conocer las propiedades y beneficios (o perjuicios) de los alimentos, de cara a mejorar nuestra dieta. Actualmente sabemos a la perfección que ciertos alimentos no son recomendables independientemente de nuestra condición, aunque podamos darnos un capricho de vez en cuando. Aquí entrarían grupos como los ultraprocesados, que suelen ser ricos en grasas saturadas y azúcares añadidos, las carnes rojas en exceso, el alcohol (del que ya hemos hablado anteriormente sobre su relación con el dolor), las bebidas azucaradas, o los hidratos de carbono procesados (pan y bollería industrial, galletas, pastas…).

Esto se debe a que existen algunos alimentos que tienen propiedades inflamatorias, entre los que destacan (además de los comentados anteriormente), las carnes rojas y derivados, la leche, los fritos…

Estos alimentos, además de aumentar el riesgo de obesidad y sobrepeso (algo totalmente desaconsejado en las personas con dolor), incrementan el riesgo de padecer otras patologías como algunos tipos de cáncer o problemas cardiovasculares.

¿Qué puedo comer si padezco dolor crónico?

De la misma forma que existen alimentos inflamatorios, también tenemos su contrapartida: aquellos que tienen propiedades antiinflamatorias y que, por tanto, podrían ayudar a reducir la sensación de dolor. Afortunadamente, como hemos comentado en párrafos anteriores, la dieta mediterránea cuenta con muchos de ellos.

Dicho esto, a día de hoy sabemos con certeza que para mejorar la sensación de dolor es importante consumir alimentos con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. El dolor causa una reacción de estrés oxidativo (presente en patologías como la fibromialgia) que puede ser contrarrestada con algunos alimentos ricos en antioxidantes y ácidos omega-3.

Las propiedades antioxidantes las encontramos en alimentos ricos en minerales como el zinc y el selenio, en betacarotenos (pigmento orgánico presente en algunos vegetales), y en aquellos ricos en vitaminas del grupo A, C y E.

Algunos de estos alimentos antioxidantes y ricos en ácidos grasos omega-3 son:

  • Frutas: Como la manzana, el pomelo, la fresa, la naranja, los arándanos…
  • Verduras: Como el brócoli, el tomate, las zanahorias, las espinacas…
  • Cereales: Avena,
  • Legumbres: Judías, lentejas o garbanzos entre otros.
  • Frutos secos: Nueces, avellanas, almendras…
  • Marisco: Langostinos, centollos…
  • Aceite de oliva virgen extra y aceites vegetales como el de lino.
  • Semillas: Como las de lino y chía.
  • Pescados azules: Atún, salmón o sardinas, por ejemplo.

Como vemos, la lista es larga y permite un sinfín de combinaciones. Esto no significa que tengamos que descuidar otros alimentos que aportan otros nutrientes que también son importantes para el correcto funcionamiento de nuestro organismo.

Una dieta saludable ha de ser variada y equilibrada, y salvo recomendación médica no deberíamos excluir alimentos (salvo aquellos que sabemos que no aportan beneficios a nuestra salud).

En Instituto Aliaga apostamos por un abordaje holístico y multidisciplinar en el tratamiento del dolor, porque solo así podemos mejorar el día a día de nuestros pacientes. Si tienes cualquier duda puedes ponerte en contacto con nosotros, o concertar una cita llamándonos al +34 935 952 910.

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